Vanguardias viejas y vanguardias nuevas (y 2)

En la publicación anterior hablé de la propuesta del filósofo, historiador de estética y profesor polaco, Stefan Morawski (1921-2004), quien en su texto de 1975, La vanguardia del siglo XX: lo viejo y lo nuevo, propuso revisar las vanguardias del siglo XX, dividiéndolas en dos: “Vanguardias viejas” y “Vanguardias nuevas”. Para él, las viejas son aquellas que surgen con el cambio de siglo, al abrigo de los cambios en los movimientos artísticos finiseculares. Son los famosos “ismos” del esas primeras décadas. Sin negar su condición “avant garde” (de vanguardia), considera que los artistas de esos años mantienen una actitud romántica (casi renacentista), en la que son creadores que muestran cosas invisibles al mundo, en una inspiración casi divina. Es decir, que estas son vanguardias que aunque hayan cambiado el curso del arte, no han quebrado la linealidad con el pasado, Más aún, no se han insertado totalmente en el “mercado del arte”, cosa que va a suceder a partir de la segunda mitad del siglo XX. 

Señala Morawski que a partir de 1945, con el cambio socioeconómico mundial se produce también una variación en la estructura de las expresiones artísticas. En primer término, se produce un verdadero cambio global en la apreciación y creación de las obras de arte, que abarca no sólo Occidente sino Oriente, y diferencia al mundo socialista del capitalista. En este sentido, los artistas se integran al nuevo mercado del arte, y tienen conciencia del poder de ese mercado, y se integran al mecanismo de publicidad y mercadeo que va a imperar a partir de ese momento. Esta es la “Vanguardia nueva”.

Por otro lado, los artistas ahora entienden que el público puede compartir sus experiencias sensoriales, integrándose a las obras (Cinetismo, Op Art, Pop Art, los Happenings, por ejemplo), por lo que se permite incluso el contacto físico como parte de la apreciación (hoy es aún más notable con el arte inmersivo y el arte multimedia). Esto convierte a estas vanguardias yo no en “heroicas”, sino en “retadoras”. Dice Morawski que son las vanguardias tardías las que verdaderamente ponen en duda los valores tradicionales del arte, aquellos respetados por la sociedad desde la antigüedad clásica. El más notable de estos el de la belleza. Más aún, y como consecuencia, en la posmodernidad la idea de lo bello se va a ver totalmente afectada.  

Todo el lenguaje visual que se había aceptado, -composición, ritmo, equilibrio, contrastes-,  los valores estéticos siempre vigentes, son abandonados por las nuevas vanguardias. Por esto suelen ser más difíciles de aceptar: Action Painting, Arte Povera, Minimalismo, Transvanguardia, Land Art, Fluxus. Las diferentes formas de expresión terminan rompiendo definitivamente con la tradición. Claro, algunas de estas expresiones también resultan efímeras, porque a veces son tan demoledoras, que se derriban a sí mismas. Concluye Morawski que el reconocimiento de las fronteras borrosas entre el acto creativo del artista y el hombre común, representa la demostración de la misma debilidad del arte moderno, que ahora va a presentar un concepto estético inestable, subjetivo, sujeto a múltiples y arbitrarias influencias, como nunca antes en la historia.

Jackson Pollock

Vanguardias viejas y vanguardias nuevas (1)

En un breve texto publicado en 1975, La vanguardia del siglo XX: lo viejo y lo nuevo, el filósofo, historiador de estética y profesor polaco, Stefan Morawski (1921-2004), autor del importante libro Fundamentos de Estética, de 1977, afirma que durante las primeras tres cuartas partes del siglo XX pueden apreciarse dos formas de vanguardia estética, que llama “viejas” y “nuevas”. Estudiando obras de diversos artistas de entre 1900 y 1970, descubrió que podía agrupar sus obras en dos grandes grupos, amarrados a las tendencias a las que respondían en un momento determinado. 

Estos grupos a su vez tenían que ver con cada período histórico, antes y después de la Segunda Guerra Mundial. Al primer grupo, que consideró además como consecuencia del Impresionismo, lo llamó “Vanguardia vieja”, y al otro, surgido luego de 1945, “Vanguardia nueva”. Morawski encontró que, a pesar de que entre 1890 y 1940 hubo varias propuestas estéticas diferentes (el período de los “ismos”), hubo algo que las caracterizó por igual: la identidad de la obra con el artista. 

Esto viene a partir de que el Impresionismo dejó de ser un movimiento colectivo unitario, para ser identificado con cada pintor: Van Gogh, Gaugain, Cezanne. Estos cambiaron el rumbo del Impresionismo e inspiraron tendencias que, a principios del siglo XX, se fundamentaron en movimientos alrededor de ciertas figuras relevantes. Esto es válido para el Cubismo, el Fauvismo, el Abstraccionismo, el Expresionismo, el Suprematismo o el Surrealismo.  

Morawski afirma que esas vanguardias no perdieron un aspecto romántico, que venía desde el Renacimiento: el culto al artista. El creador es una especie de demiurgo que en su inspiración descubre realidades ocultas, que él devela como revelación de su tiempo. Otra cosa interesante es que, si bien estos artistas viven de la venta de sus trabajos, aún no forman parte de una gran “industria” mercantil, donde los “marchantes” dominan la escena. El gusto terminaba siendo el patrón de negociación.

Esos artistas de la “Vanguardia vieja” tampoco ponían restricciones a la hora de exhibir sus obras. Muchas exposiciones mostraban pinturas de diferentes tendencias, todas juntas. Esta forma de exhibición mixta permitía la comparación y la polémica, cosa que alimentó durante esos años el desarrollo creativo de los autores. Este elemento positivo va a cambiar después de 1950, cuando ya el mercado del arte empieza a establecer unas nuevas reglas. 

La “vanguardia nueva” se va a encontrar con un mundo diferente tras la Segunda Guerra, y sus condiciones y características cambiarán. Si bien algunos de los artistas de una pasarán a la siguiente, la realidad del arte va a ser otra. Una de las cosas que va a cambiar radicalmente, según Morawski, es el concepto de belleza, por lo que estas vanguardias tardías son las que van a establecer una ruptura mayor con las visiones estéticas clásicas. Eso es lo que veremos en la próxima publicación.

Georges Braque

La relatividad de los juicios estéticos, según Anna Gradowska

En el libro Transformaciones de “lo Bello” (2006), la profesora de arte venezolana Anna Gradowska, comenta sobre la dificultad de establecer juicios estéticos universales y consistentes, aplicados a las obras de arte de cualquier período histórico o cultural determinado. Esto porque tampoco hay unidad de criterio entre los expertos sobre qué elementos hay que apoyarse para hacer análisis valorativos. Según ella, los análisis valorativos que apelan a criterios supuestamente objetivos (composición, formas, contrastes), terminan recurriendo a percepciones estéticas intuitivas, subjetivas y siempre discutibles. Cita allí al crítico inglés Roger Fry (1866-1934), quien en un intento por aclarar su visión formal de la estética moderna, dijo: “Cuando digo que aquel dibujo es malo, quiero expresar que no me siento conmovido por los contornos de su forma”. Esta es una valoración subjetiva.

Más adelante señala la autora que siempre está presente el difícil problema de la “relatividad de los juicios estéticos contemporáneos y de la arbitrariedad de los gustos personales, formados cada uno dentro de una tradición sociocultural precisa, y con la educación visual y sensibilidad individual de niveles diferenciados entre sí”.  No obstante, la llamada teoría formalista, que se basa en la belleza formal por sobre la sensorial, ha trabajado para ayudar a entender muchas de las manifestaciones artísticas del siglo XX, por ejemplo, como las abstractas y las cubistas. Pero ello también limita el espectro de visión crítica; dice Gradowska:

“Pero, paralelamente, siguiendo los enfoques analíticos formalistas, muchos críticos concentraron su atención solamente en las apreciaciones formales, dejando sin reflexión alguna el importante sentido conceptual y la función histórica de las composiciones analizadas”.

En consecuencia, buscar una manera única de establecer juicios estéticos lleva a deformaciones conceptuales que limitan la apreciación amplia del arte. La historia y la crítica del arte deben acercarse a otras disciplinas humanísticas, estableciendo conexiones con diversos campos del saber, como la filosofía, la literatura, la antropología e incluso la mitología. Sin duda que hay ciertas metodologías que ayudan a construir juicios estéticos, pero pareciera que en este sentido, no hay un absoluto; como en tantos aspectos de la historia y de la cultura. 

Banksy

Ciberarte y ciudades futuristas

El arte cibernético abarca muchas temáticas, pero por su propia realización, que emplea programas informáticos para gráficos, aborda temas de ficción científica y futurismo. La ciudad del futuro, espacio de innumerables distopías (utopías negativas, en las que la realidad transcurre en términos contrarios a los de una sociedad ideal), es motivo de miles de imágenes, que pueblan la Web en diversos sitios y con variadísimos contenidos. En particular si el tiempo se corresponde a la noche y la luz al neón. Aquí pongo una pequeña muestra de lo que se puede hallar libremente en el ciberespacio con el tema de las ciudades futuristas y la ciencia ficción. 

Un pensamiento sobre la imagen estética, por James Joyce

“Una imagen estética se nos presenta ya en el espacio o ya en el tiempo. Lo que es perceptible por el oído se nos presenta en el tiempo; lo visible, en el espacio. Pero, temporal o espacial, la imagen estética es percibida primero como un todo delimitado precisamente en sí mismo, contenido en sí mismo sobre el inmensurable fondo de espacio o tiempo que no es la imagen misma”.

JAMES JOYCE (1882-1941), escritor irlandés, en Retrato del artista adolescente.

Las plataformas Low Code

Para crear una página web, una aplicación de software o una herramienta para móviles, hay que disponer de la plataforma y el lenguaje de programación adecuados. Según el propósito y la complejidad de la tarea, se puede escoger entre diferentes plataformas que requieren, todas ellas, un conocimiento especializado de este tipo de procesos. Sin embargo, cuando no hay tiempo para aprender los conceptos básicos de la programación, se puede recurrir, como alternativa, a una low-code platform. Este un enfoque de desarrollo de software que permite la creación de aplicaciones de forma más rápida y con un mínimo de programación manual.

El término Low Code es muy reciente, se empezó a usar hacia 2014, para identificar plataformas con las que se pueden desarrollar aplicaciones reduciendo al mínimo el desarrollo de código de forma manual, porque ya viene construido y prefigurado. Mediante una interfaz visual, con características integrables mediante copiado y pegado, los profesionales con un perfil más afín al negocio y con menos conocimiento técnico, pueden crear y desplegar aplicaciones empresariales con relativa facilidad. Utilizando un paradigma visual en una interfaz gráfica para estructurar y configurar las aplicaciones, los desarrolladores se ahorran toda la parte de infraestructura y la implementación repetida de patrones que pueden atascarlos en su implementación. 

El concepto Low Code puede traducirse grosso modo como “poco código” o “poca programación”; este tipo de desarrollo evita, en la medida de lo posible, la programación manual convencional. Para reemplazarla, este enfoque se basa en una interfaz gráfica de usuario sencilla y utiliza elementos visuales predefinidos. Esto facilita en gran medida el proceso de desarrollo de software y ahorra tiempo, ya que elimina la necesidad de programar manualmente cada uno de los elementos. El Low Code es, por lo tanto, una forma simplificada de desarrollo de software que requiere pocos conocimientos previos de programación.

La mayoría de plataformas Low Code permiten a los usuarios guardar y gestionar sus aplicaciones en la nube. De este modo, si se producen cambios o se introduce una nueva base de datos, no es necesario reprogramar. Las herramientas visuales utilizadas también están ubicadas en la nube para permitir una disponibilidad e implementación inmediata de la aplicación. Esto es lo que las hace atractivas. Esta metodología es económica y ahorra tiempo, por lo que muchas empresas que necesitan soportes de cierta tecnología sin mayor complejidad, las están utilizando. Son las nuevas formas de negocio que se están generando en un espacio muy dinámico, como el de internet y el ciberespacio. 

Simetría, asimetría, disimetría

Una idea que es casi universalmente conocida y aprendida es la de SIMETRÍA. Casi todos entendemos lo que es una figura simétrica, una composición simétrica, una imagen simétrica. Un concepto general es aquel que se refiere a la correspondencia exacta en forma, tamaño y posición de las partes de un todo. También se puede entender como la distribución exacta en la disposición regular de las partes o puntos de un cuerpo o figura con relación a un centro, un eje o un plano, tal como lo explica el Diccionario de la Lengua Española. Esta noción se aplica a la biología, al arte, a la geometría, a la naturaleza en general. 

La simetría es fundamental para las composiciones gráficas y un elemento estético conocido desde la antigüedad  remota. Tiene que ver con el equilibrio, la estabilidad visual y la estructura estable en toda realización artística. Como parte del diseño, hay ejes de simetría, focos de simetría y simetría radial. El cuerpo humano, por ejemplo, muestra una simetría axial en su figura exterior, con un equilibrio en la distribución de las partes. El uso de la composición simétrica sigue siendo aplicada hoy en día en el arte y en la comunicación visual, como desde hace miles de años. 

Por otro lado, como contrapartida, se tiene el concepto de ASIMETRÍA, que es, justamente, la falta de simetría. No obstante, la idea de asimetría es muy poderosa en el arte y en el diseño. Una composición asimétrica es aquella en la que una parte “pesa” visualmente más que las otras. En arte y diseño, las composiciones asimétricas suelen ser llamativas porque muestran resultados más dinámicos que las simétricas. Es decir, hay una confrontación entre lo estático y lo dinámico. La asimetría permite más libertad de composición y organizar jerárquicamente los elementos; la asimetría también es fundamental en el diseño y la diagramación de la imagen contemporánea. 

Finalmente, tenemos la noción de DISIMETRÍA, que hace alusión a una deficiencia, defecto, imperfección, carencia o tacha en la simetría o la pertenencia de forma exacta en tamaño, figura, tamaño o la posición de una parte de un todo o la disposiciones de las secciones o punto de una figura geométrica. No se trata de asimetría, sino de la falta de regularidad y orden en la composición.  Por supuesto, la apreciación estética de todas estas formas compositivas es subjetiva. Ya sabemos que lo que es bello para alguien es feo para otro. 

En el campo de la medicina existe el término DISMETRÍA, que se refiere la discrepancia en la longitud de las extremidades, bien sea por exceso (hipermetría) o por defecto (hipometría), usualmente como consecuencia de diferencias en las estructuras óseas. Esto no tiene que ver con el arte y el diseño, aunque sí, de alguna manera, con la estética.

Una idea de Baudelaire sobre lo bello racional

En uno de sus textos, recopilado en sus Obras Completas, el poeta francés Charles Pierre Baudelaire (1821-1867), habla sobre la influencia de la naturaleza y de la razón en la creatividad del artista. Según su visión, la naturaleza solo guía al hombre hacia las penas y las trivialidades, porque está impregnada de aquellas cosas que hacen nuestra vida más dura. En tanto la razón motiva al espíritu, porque atañe a lo que se concibe más allá de lo vulgar. Así, afirma que:

“Todo lo que es bello y noble es resultado de la razón y el cálculo. El crimen, por el que el animal humano adquiere cierta afición en el vientre materno, es de origen natural. La virtud, al contrario, es artificial y sobrenatural. El mal se hace sin esfuerzo, naturalmente, inevitablemente; el bien es siempre un producto del arte”.

Como se puede apreciar, es una posición un tanto fatalista, que en su momento (a finales del siglo XIX) dio origen a un grupo que se conoció como Los Decadentes, que valoraba la libertad expresiva por encima de los valores morales imperantes, despreciando las costumbres burguesas de su época. Oscar Wilde (1854-1900), el famoso escritor irlandés, también identificado con el decadentismo, llegó a decir: “Mentir, decir cosas hermosas y falsas, es el objetivo correcto del Arte”. Charles Baudelaire inspiró gran parte de ese movimiento, con sus posiciones polémicas y críticas, también contrarias a la estética burguesa del siglo XIX. 

El Shreksorcista :D

Hoy justamente vi este video, que no conocía, y me pareció apropiado difundirlo aquí hoy domingo, que no tiene porqué ser un día serio. Es una parodia a la película de 1973, El Exorcista, muy en el estilo de Shrek. “El Shreksorcista” (The Shreksorcist) forma parte de un especial titulado “Shrek, asústame si puedes” (Scared Shrekless), creado para la televisión por el día de Halloween, con una duración total de 26 minutos, ambientado justo después de los eventos de Shrek “y vivieron felices para siempre”. El especial, producido por DreamWorks, se emitió por primera vez en la cadena de televisión estadounidense NBC, el 28 de octubre de 2010, e incluye. además de este segmento, La novia de Gingy, una parodia de la novia de Frankenstein, y Boots Motel, una parodia de Psycho. Los tres son muy buenos.